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Violencia psicológica y maltrato emocional en la familiar

violencia psicológica

¿Qué es y cómo se identifica la violencia psicológica o emocional en el ámbito familiar?

La violencia psicológica o maltrato emocional es un subtipo de maltrato que hace referencia a la relación, más que a las conductas concretas, cuyas interacciones de maltrato caracterizan dicha relación y pueden causar alteraciones en la salud emocional y/o física de quien lo sufre.

Se trata de un tipo de relación que incluye tanto la acción (ataques) como la omisión (negligencia) y no es indispensable que tenga lugar maltrato físico para poder categorizarlo como maltrato emocional o psicológico.

El maltrato emocional da fundamentalmente en relaciones en las que existe algún tipo de verticalidad, relaciones de poder o relaciones en las que uno depende de un otro para cubrir parcial o totalmente sus necesidades vitales. Por ello, una gran parte de la investigación sobre la violencia psicológica se ha centrado en las relaciones filio-parentales, sin que ello suponga que no se puede dar este tipo de maltrato en otro contexto.

En el siguiente artículo podrás encontrar 15 señales que te permitirán detectar el maltrato psicológico.

¿En qué consiste el maltrato emocional?

Existen distintos tipos de violencia psicológica o maltrato emocional y su definición ayuda en la identificación de los mismos. Para el propósito de este artículo, es más relevante ver lo común que lo diferencial debido a la difícil identificación de este tipo de maltrato y que el entrar a hablar de las diferencias entre tipos puede aumentar la confusión que ya rodea a este tipo de relaciones.

Teniendo esto en cuenta hablaremos de lo común, de las características más explícitas y más sutiles de esta categoría.

  • Se trata de una interacción observable. Esta es una característica dentro de la violencia psicológica que es explícita y “sutil” al mismo tiempo. Lo explícito o expuesto tiene que ver con que suele llevarse a cabo en abierto, sin necesidad de ocultarse para infligirlo o recibirlo. Lo “sutil” tiene que ver con que pueden ser conductas normalizadas en el entorno familiar, por lo que a nadie se le escapa lo que está ocurriendo y al mismo tiempo puede ser que no se haga nada al respecto porque siempre ha sido así y nunca se ha hecho algo diferente.
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  • La identidad del maltratador es conocida y coincide con la figura de cuidador Esta característica contribuye a la “normalización”, más a nivel interno que externo. Esto hace referencia a que en edad infantil el individuo es dependiente de los cuidados de sus cuidadores principales, sin esos cuidados no podría sobrevivir. Si la persona que cuida, también maltrata, se genera internamente en la víctima un conflicto entre la supervivencia y la protección, en la que adaptativamente gana el quedarse donde uno recibe los cuidados y tratar de minimizar los abusos.
  • Puede ser definida y evidenciada tanto por malos tratos como por señales de daño en la persona que lo sufre. Como hemos comentado tiene difícil identificación y cierto solapamiento. Por ejemplo, no requiere de maltrato físico, sin embargo, si existe puede solapar o minimizar el maltrato emocional y si no existe maltrato físico puede ser más difícil identificar que existe algún tipo de maltrato (cuando sí se está dando el emocional). En cuanto a las señales de daño, suelen tener que ver con algo interno, por ende, más difícil de identificar. Lo que sí puede ayudar es la observación de esos malos tratos psicológicos y las señales de daño que causan. Estas últimas señales pueden reconocerse tanto por presencia como por ausencia, como antes hablábamos de la acción y la omisión. En la acción puede ser el insultar abierta y públicamente, en la omisión puede ser negarle un abrazo a un hijo cuando lo pide/necesita.
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  • No es común que la víctima tenga acceso a una protección Existe diferencia entre los tipos de maltratos emocionales, dado que la activación de la protección puede estar presente y de manera más inmediata en los casos de abuso sexual y de maltrato físico, más en el primero que en el segundo. Este punto tiene que ver con la visibilización. Cuando algo se normaliza, se trata como normal, por lo que no sería necesario protegerse ante algo que es “normal” o “natural”. La víctima de la violencia psicológica tendrá más difícil el acceso a la protección cuanto menor sea la conciencia, propia o ajena, de que está recibiendo un maltrato. En el caso concreto de relaciones en la que una parte depende de la otra, tomar conciencia o denunciar un abuso implica un enfrentamiento directo con el cuidador. Aún pudiendo llegar a denunciar o pedir ayuda, ese factor normalizante de “aquí no pasa nada, es lo que siempre se hizo” puede minimizar los intentos de expresar o hacerlo visible, “si tan normal es y tan poco caso me hacen cuando pido ayuda”.

Problemáticas derivadas y soluciones del maltrato emocional

En el apartado anterior ya hemos avanzado las problemáticas y dificultades que se pueden derivar de este tipo de relaciones.

Resumiendo, se trata mayoritariamente de una conducta observable, en la que quien inflige el maltrato emocional es también cuidador, que tiene diversas maneras de identificación y no es común una protección inmediata tras la detección.

Con estas características podemos intuir lo tremendamente complicado de la situación, tanto más si la víctima no dispone de recursos o apoyos necesarios para protegerse, lo cual es bastante común en los casos de menores.

Si es algo que todos pueden ver, que nadie hace nada, precisamente quien es responsable de hacer algo es el agresor, puede identificarse pero también solaparse y si la víctima pide ayuda es poco probable que la obtenga de manera inmediata, podemos entender lo complejo de la problemática.

Para ello, es necesario abordar primero el punto más escurridizo y perpetuante del problema de la violencia psicológica, su invisibilidad y/o normalización.

En este contexto entran en juego todos aquellos elementos, personas y entidades ajenas a la dinámica familiar y que están en contacto con la víctima, pues son quienes pueden identificar esta relación de maltrato y movilizar los recursos para que se visibilice y se aborde.

A partir de ese momento es fundamental poder ofrecerle apoyo a la víctima, protección, sostén y escucha.

Es muy importante que una víctima de maltrato psicológico o emocional, sea de la edad que sea, tenga la oportunidad de identificar, reconocer y expresar lo que necesite, poner fuera lo que ha vivido y sufrido para poder trabajar con ello.

Un trabajo psicoterapéutico acompaña en el camino de la sanación de aquellas partes de los vínculos relacionales que han podido dejar secuelas emocionales en la persona, allá y entonces, para que el nivel de interferencia en su vida en el aquí y ahora sea el menor posible.

En CEPSIM contamos con profesionales especializados en el abordaje de distintos tipos de maltrato, entre ellos el psicológico, y centramos nuestros esfuerzos en ofrecer un tratamiento particular para cada persona, teniendo en cuenta las características diferenciales de cada caso y sus necesidades.

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