Resiliencia, el arte de recomponerse en la adversidad

¿Qué es la resiliencia?

El arte de recomponerse ante la adversidad

 

¿Qué es la resiliencia, significado?

La palabra resiliencia y su definición. Etimológicamente, viene del latín resilio que significa “volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar”. Este significado hace énfasis en una capacidad o potencialidad para saltar ante la adversidad.

Para comprender qué es la resiliencia y su significado, existe también un arte japonés que filosóficamente guarda relación con la resiliencia, y es el kintsugi; una técnica para reparar las grietas de la cerámica que consiste en pegarlas con resina mezclada con oro para embellecer la figura. Esta técnica parte de la idea de que las roturas conforman la historia de ese objeto y su reparación puede dar lugar a una transformación embellecedora, de modo que no es necesario desechar ese objeto u ocultar sus grietas.

Por tanto, la resiliencia (significado) apela a la capacidad o actitud para salir fortalecido en condiciones adversas o traumáticas. En psicología, lleva estudiándose desde hace 50 años, en un principio desde la visión de casos aislados de superación de situaciones traumáticas; pero en la actualidad se considera una capacidad del ser humano para sobreponerse exitosamente a las desgracias y adaptarse de nuevo a la vida; e incluso hay autores que hablan de rasgos de personalidad resiliente.

Si bien, es cierto que no es lo mismo lo que hacemos para sobrevivir ante la adversidad, lo que aprendemos manejando la adversidad, a lo que desarrollamos durante y tras la adversidad.

Esta sería la diferencia entre recursos básicos para sobrevivir, de los que todos los seres humanos disponemos como equipo de serie para poder adaptarnos a la vida; como es el caso de apagar un fuego sin que realmente hayamos recibido instrucciones sobre como hacerlo, es algo instintivo.

Por otro lado, están los recursos psicológicos, nuestras fortalezas individuales que nos permiten manejar situaciones estresantes y que hemos aprendido y nos han servido durante la vida. Y por último, la resiliencia, que implica ir un paso más allá, pues supone haber pasado por un intenso dolor y haberlo transformado en otra cosa.
 

Personas resilientes. Significado de resiliencia

Entonces, qué es la resiliencia, en general, la resiliencia independientemente de definirse como una capacidad común a los seres humanos, o a un tipo de personalidad concreta; es una respuesta de afrontamiento ante situaciones adversas que permite recomponerse emocionalmente y salir fortalecido, además de mera adaptación a la vida cotidiana tras un bache emocional. 

Hablamos de resiliencia cuando ha habido situaciones traumáticas: la muerte de seres queridos, un abuso sexual, condiciones nefastas de vida como la deprivación, etc.
 
Un ejemplo que ilustra esta idea es el Holocausto y cómo se adaptaron a él los supervivientes. Se trata de una vivencia traumática de tortura, abusos, deprivación, en todos los ámbitos; la peor de las más horribles formas de vida.

¿Qué pudo marcar la diferencia entre salir fortalecido ante semejante horror o hundirse? Este es el caso de Primo Levy, escritor italiano, y Víctor Frankl, psiquiatra austriaco. Ambos eran judíos y fueron internados en los campos de concentración, sobreviviendo a la tragedia; pero Primo Levy no pudo afrontar el horror de manera resiliente y acabó suicidándose; mientras que Víctor Frankl desarrolló su terapia existencial “La logoterapia”, y escribió su obra maestra “El hombre en busca del sentido”.

Cuenta en su libro que fue la capacidad de proyectarse hacia un futuro lo que le permitió sobrevivir, es decir, sus expectativas y esperanza.

Para él, el sentido vital es fundamental para mantenernos con vida, y a pesar de estar en las peores condiciones posibles, entendió que su sufrimiento dolía menos cuando tenía un significado, un significado que daría durante la tortura, y un significado que dio después: algo que hacer con todo ese dolor, un proyecto vital que permitiría transformarlo y darle un sentido nuevo; como su libro y la creación de su terapia existencial en las que volcó su dolor para aprender de él.

Cuando las personas están privadas de toda libertad para elegir, pueden crear un rincón en su interior para auto-determinarse por encima de la adversidad y así obtener un motor para seguir adelante y caminar por la búsqueda de los propios proyectos con el sentido y la esperanza como corazón de la vida.

Víctor Frankl contaba que cuando estaba encerrado, escuchaba y se fijaba en el canto de los pájaros que se posaban en el terreno que él cavaba todas las mañanas, sometido a los trabajos forzados, y aquello le daba aliento vital para poder seguir: fijarse en las pocas cosas positivas que había en el presente.

La capacidad de resiliencia existe a pesar de lo horrible del pasado y el presente, y permite que obtengamos fuerza para transformar los golpes recibidos, generando un motor para proseguir el camino y dar un sentido a nuestra vida. Todo ello implica lidiar con el dolor emocional del suceso traumático, no negarlo, pero en ese manejo la actitud tiende hacia lo positivo, hacia la búsqueda, de una forma realista; como hizo Víctor Frankl.

Como indica la psicóloga Elsa García » Para fortalecer tu natural resiliencia, es necesario que trabajes por conocerte en mayor profundidad y en permanecer lo más pegada al presente que puedas, conectado con los sentidos, con las actividades que estás realizando en cada momento y con lo que ocurre a tu alrededor. Mejora tu resiliencia procurando aprender a valorar lo mejor de ti y de tu vida y aceptar lo que no te agrada tanto. Pon un gran empeño en entrenar las habilidades necesarias para mantener la frustración y otros sentimientos desagradables a raya para que no te resulten invalidantes.»

La personalidad resiliente

Algunos autores hablan de que existen rasgos de personalidad resilientes:

  • autoestima estable y positiva que protege de vivir los traumas con culpa irracional, y así disponer de los propios recursos de afrontamiento. Importante para el desarrollo de la resiliencia.
  • capacidad de introspección que permite poner nombre a lo que sentimos y ser conscientes de lo que pensamos, para poder lidiar con el dolor emocional, por ejemplo pintando o escribiendo sobre ello.
  • independencia para mejorar la resiliencia, que permite un funcionamiento autónomo no basado en la dependencia o el miedo a la soledad cuando vivimos una falta de seguridad porque el entorno es hostil, sino la confianza en los propios recursos para superarlo.  
  • capacidad de establecer relaciones sociales positivas y empáticas, que permitirían también obtener la ayuda y el apoyo necesario y adecuado, así como beneficiarnos del bienestar que suponen los vínculos sanos.
  • asertividad, que permite saber decir que no, pedir ayuda o auto afirmar los propios derechos, y también la iniciativa para experimentar y no quedarse estancado.
  • creatividad, como motor de curiosidad ante el mundo, pasión y transformación; que permite buscar soluciones; y generar potencialidad y vida en lo que parece muerto.  
  • el sentido del humor ante los acontecimientos.
  • la ética para concienciarse de los límites del bien y el mal.
  • la capacidad crítica para analizar mejor las causas y consecuencias del propio comportamiento y así aprender y mejorar.  

No obstante, también se considera que todas las personas pueden tener capacidad de resiliencia, independientemente de la gravedad de sus circunstancias. Por ejemplo, es el caso de los niños que sufren violencia doméstica pero tienen un adecuado desempeño escolar y  amistades, porque consiguen sobreponerse a la adversidad.

Esto quiere decir que no importa la intensidad del trauma, pues la persona puede adaptarse positivamente, sin embargo; también las personas tenemos una resistencia limitada y cuando se acumulan muchos factores de riesgo, esto puede vencer nuestros recursos (pobreza, enfermedad mental, negligencia, dificultad económica, abuso de sustancias). Por ello Cyrulnik dice que la resiliencia es «iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma».

Además, la resiliencia no es sólo una capacidad individual, también implica a grupos, familias, la comunidad y las instituciones como parte de la solución y la puesta en marcha de recursos externos para generar recursos internos para afrontar las situaciones críticas.

Sería el caso por ejemplo de una familia que cree a su hija cuando les cuenta que fue abusada sexualmente y pone en marcha una serie de recursos para protegerla (separarla del agresor, buscar seguridad, pedir ayuda, etc.). Así, el entorno permite que se pongan en marcha más recursos, en comparación con los entornos negligentes. Es decir, los individuos no somos seres aislados sino influidos por el entorno, que de hecho nos influye desde etapas tempranas a través de los vínculos de apego.

SI QUIERES SABER QUE ES EL VÍNCULO DE APEGO Y COMO INFLUYE EN LA VIDA ADULTA ENTRA EN ESTE ENLACE

Por ejemplo, en los niños, los factores que permiten la resiliencia en entornos de violencia son: su temperamento, sus valores (como el optimismo), el comportamiento de los padres durante la crianza, el apoyo social y familiar y haber tenido una segunda oportunidad; esperanza para salir adelante incluso tras un comportamiento violento o de abuso de drogas durante la adolescencia. Pero un niño herido no tiene por qué ser un adulto condenado.

Después de una experiencia traumática, la resiliencia permite que la persona se recupere adecuadamente y pueda hacer frente a situaciones críticas en cada etapa de desarrollo de su vida. Esto es: buscar soluciones, manejar el dolor emocional, integrarse social y laboralmente, adaptarse a la nueva vida; y salir fortalecido psicológica y emocionalmente.

¿CÓMO PODEMOS POTENCIAR LA RESILIENCIA?

Qué podemos hacer para aumentar nuestra capacidad de resiliencia

“Las circunstancias externas pueden despojarnos de todo, menos de una cosa: la libertad de elegir cómo responder a esas circunstancias”.

Viktor Frankl en El hombre en busca del sentido

10 claves para la resiliencia:

1. Resiliencia. Permítete sentir todas las emociones que aparezcan a lo largo del proceso. A veces pensamos que las emociones desagradables son una señal de vulnerabilidad y evitamos sentirlas. Sin embargo, comenzar a darles su espacio en el día a día es saludable; nos permite escucharlas y atenderlas momento a momento. Sólo cuando una emoción es atendida, se procesa y da lugar a otra experiencia emocional.

2. No te juzgues, es momento de darte ánimos. Ante acontecimientos vitales duros, podemos vernos incapaces de superar la situación. También podemos culparnos por lo que pasó o por lo que podríamos haber hecho. En lugar de ello, es prioritario en el trabajo de aumentar nuestra capacidad de resiliencia, practicar la autocompasión y enviarte mensajes de ánimo. Para ello te recomendamos que te hagas las siguientes preguntas: ¿Qué le dirías a un amigo que estuviera pasando por la misma situación que tú? ¿Qué pequeño gesto por tu parte podría ayudarle a sentirse más recogido y comprendido? Seguro que un mensaje alentador le ayudaría a afrontar mejor la situación.

3. Conecta con el momento presente a través de lo cotidiano. Tenemos la tendencia de proyectarnos en el pasado y en el futuro, y más si estamos pasando por una etapa difícil. Sin embargo, esta etapa también requiere de nuestra atención, tanto para aprender de ella como para sanar nuestras heridas. Existen ejercicios muy prácticos para tomar más consciencia de lo que ocurre en el aquí y el ahora, como prestar atención a la respiración, pasear por la naturaleza o practicar la alimentación consciente. También todos estos ejercicios son oportunidades para valorar los pequeños placeres de la vida, que te acompañan donde quiera que vayas y pueden ser un alivio en estos duros momentos.

resiliencia

4. Resiliencia. Intenta ver en la dificultad una oportunidad. Cambiar las gafas con las que miras las adversidades te ayudará a ver que no está todo perdido; te ayudará incluso a ver los obstáculos como retos y oportunidades de crecimiento.

En lugar de derrumbarte, encontrarás más fuerzas para buscar soluciones y aplicarlas siempre que puedas. Muchas veces las soluciones consistirán en ser más flexible, de forma que tus metas cambien de rumbo y tu forma de vivir se adapte a la nueva situación en la que te encuentras.

5. Haz un esfuerzo por desenredarte de los pensamientos negativos: aunque nos cueste mucho trabajo, sabemos que si los pensamientos negativos nos invaden, nos instalamos en la queja y en la rendición. Por ello, para otenciar la resiliencia, es de gran utilidad practicar técnicas de relajación y meditación que nos permitan observarlos detenidamente, tomar distancia y finalmente soltarlos para dar paso a otras cosas. Un ejercicio que te puede ayudar es el de imaginar que tus pensamientos son nubes en el cielo y visualizar cómo dichas nubes se desplazan poco a poco hasta que desaparecen de tu campo visual.
 
6. Resiliencia: Procura cultivar la aceptación. Manejar la impotencia de la situación pasa por entender que algunos dolores son inevitables. Llegar a esta conclusión no significa que nos rindamos ni que fracasemos, simplemente tiene que ver con afrontar la realidad tal cual es. Hay que tener en cuenta que contemplar los problemas como una batalla tras otra nos desgasta mucho. En cambio, aprender a convivir con ellos aunque no nos apetezca, tiene más sentido si estos se van a instalar en nuestro día a día por un tiempo.
 
7. Busca distraerte con aquello que te nutre: no se trata de evitar pensar en el tema a toda costa, sino de tener la mente ocupada también en cosas que te motivan y te ayudan a seguir adelante. Puede ser un buen momento para retomar viejas aficiones o buscar una nueva ocupación; estas pueden ayudarnos a darle un nuevo sentido a la vida si lo habíamos perdido. Además, convivir con el malestar habitualmente nos supone invertir más energía de la esperada. Por ello, encontrar actividades que nos ayuden a reponernos es una estrategia que nos invita a tomarnos un descanso en medio de todo el caos.

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8. Resiliencia.Cuenta con apoyo social de calidad: aunque la sanación nace desde dentro, aislarnos no es la solución. Buscar redes de apoyo sólidas con las que poder compartir lo que está sucediendo y cómo nos estamos sintiendo se convierte en un fuerte recurso para la superación de las dificultades. Ante los golpes duros, establecer contacto con vínculos de confianza nos ayuda a sentir que no estamos solos/as en lo que nos está pasando.

Por tanto, no dudes en pedir ayuda a tus más allegados, sobre todo si te cuesta pedirla. La carga compartida siempre se hace más llevadera. Si actualmente no encuentras a alguien que te escuche, una opción interesante es la de pedir ayuda profesional. Y si la persona que te atiende lo considera pertinente, acudir a un grupo de apoyo con personas que estén pasando por situaciones similares a las tuyas.

9. Recurre a tu sentido del humor en algunos momentos. Cuando las situaciones resultan tan complejas, una de las mejores cosas que podemos hacer es reírnos un poco de lo que está pasando. Pasar de la tragedia a la risa nos ayuda a liberar tensión y a relativizar. Además, la risa tiene un increíble poder curativo y es contagiosa.

10. Practica la paciencia y respeta tus tiempos. Salir de los problemas requiere de tiempo, adaptación y búsqueda constante. Es normal que pasemos por etapas de desánimo, dudas y desesperación. Ello no significa que lo estés haciendo mal o que seas incapaz de superarlo. ¡Tú puedes!

Todo ser humano cuenta con potencial para desarrollar su capacidad de resiliencia. Un ingrediente que no ha de faltar en tu receta es el compromiso contigo mismo/a.
 
Sin compromiso, te olvidas de seguir estas indicaciones y, lo más importante, te olvidas de ti. Por ello, establecer buenos hábitos y rutinas es tan importante para mejorar la calidad de vida y aumentar el bienestar.

En este artículo te hemos desarrollado lo que es la resiliencia y su significado.
 
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Autora: Candela Molina Gutiérrez
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