Mitos sobre el amor y la pareja, dificultades en la convivencia

psicología perinatal Madrid

Mitos sobre el amor y la convivencia en pareja

Irse a vivir juntos es un paso que a menudo forma parte de la historia de una pareja. Tradicionalmente tenía lugar tras el matrimonio, como inicio de la vida conyugal.

En la actualidad y cada vez con mayor frecuencia, la convivencia se plantea como un paso previo a éste, o incluso como una alternativa, simbolizando por sí misma una formalización de la relación.

En otras ocasiones, las parejas se plantean la convivencia de una forma más pragmática, por ejemplo, para facilitar los desplazamientos o cuestiones burocráticas.

Mito y realidad de la convivencia en pareja

Sea cual sea el motivo, la convivencia puede ser una oportunidad de profundización y afianzamiento de la relación, pero también de debilitamiento e incluso ruptura. Y la forma que tome no dependerá de que no haya conflicto, sino de cómo éste se aborde y se supere juntos.

El curso que siga esa experiencia de convivencia va a depender, por tanto:

 

  • del estado actual de la relación en el momento de comenzar a convivir,
  • de las estrategias de afrontamiento con las que cuente la pareja tanto para afrontar sus conflictos saludablemente, como para cultivar un vínculo en el que se sientan seguros, queridos y apoyados mutuamente.

Además, las creencias que tenemos sobre el amor y las relaciones de pareja pueden jugar un papel muy importante en nuestra manera de gestionar la convivencia.

Así, a lo largo de nuestra vida hemos ido internalizando mitos que presuponen una idealización tanto de la otra persona como del vínculo, como:

 

  • El mito de la media naranja (la creencia de que existe una persona predestinada a ser nuestro complemento perfecto), el mito del emparejamiento (la concepción de que el establecimiento de una pareja – monógama – es algo natural y universal),
  • El mito de la omnipotencia (creer que el amor puede y debe poder con todo) 
  • El mito del matrimonio y la convivencia (la asunción de que el amor romántico debe culminar en una relación estable y ser el único pilar de la misma).

Conflictos en la convivencia en pareja

Precisamente por generar expectativas poco realistas, estos mitos nos pueden llevar a enfrentarnos a los desafíos de la convivencia con mayor frustración, sentimientos de culpa y vergüenza.

Por ejemplo, si creo que mi pareja debe ser mi media naranja, con quien debería entenderme a la perfección, puedo concluir que los problemas de convivencia que estoy teniendo con ella significan que no estamos hechos el uno para el otro, y sentir más fácilmente una sensación de derrota.

También podría, por ejemplo, tender a adaptarme demasiado e ignorar mis propias necesidades para evitar el conflicto, y así mantener esa creencia de que nuestra relación es perfecta porque aparentemente no existen desacuerdos.

O de un modo totalmente opuesto, podría tender a exigir continuamente a mi pareja que anticipe y priorice mis necesidades asumiendo que, si eso no sucede de forma natural, existe algo intrínsicamente erróneo en nuestra relación.

Sin embargo, estas formas de afrontar la convivencia tan solo funcionan a corto plazo y terminan por acabar generando emociones encubiertas (como sentimiento de soledad, rabia y rencor) que fácilmente desembocan en un conflicto mayor posteriormente, o en un enfriamiento de la relación, dañando en cualquier caso el vínculo de la pareja.  

Cómo resolver los problemas de la convivencia

Afortunadamente, podemos partir de una concepción realista y saludable de la convivencia para poder abordar esta experiencia con sensación de control, esperanza e ilusión, y como una oportunidad de aprendizaje personal y relacional, para lo cual nos ayudará:

  1. Identificar primero cuál es el motivo por el que iniciamos la convivencia: estudios sobre este tema han señalado cómo dicho motivo guarda relación con la calidad de la relación. Por ejemplo, iniciar una convivencia “para poner a prueba la relación” suele estar asociado a resultados negativos, mientras que hacerlo “para pasar más tiempo juntos” suele relacionarse con niveles más elevados de satisfacción en la relación (Chiung-Ya Tang , Melissa Curran & Analisa Arroyo, 2014)
  2. Explorar si mi pareja y yo compartimos una misma visión: a este respecto, también se ha observado desde la investigación que las parejas que comparten el motivo por el cual deciden convivir y tienen un mismo nivel de compromiso, suelen reportar experiencias más positivas en su relación, y viceversa (Willoughby, Carroll y Busby, 2011).
  3. Identificar si tengo unas expectativas ajustadas y confrontar mis propias ideas sobre la convivencia y la relación: es una buena forma de prepararse para una experiencia realista (y no por ello menos gratificante).
  4. Evaluar el estado actual de mi relación: ¿tenemos los suficientes recursos para afrontar los retos que nos presente la convivencia?
Amar en la convivencia

 Y si finalmente decidimos dar este paso, también ayudará:

 

  1. Tener en cuenta que el conflicto forma parte de la relación, e incluso es saludable (cuando nunca hay conflicto, esto es debido a una excesiva adaptación de uno o de los dos miembros de la pareja, a expensas de las propias necesidades individuales). Así, podemos repensar el conflicto como una oportunidad para practicar una comunicación honesta sobre nuestras propios deseos y necesidades, para conocernos más auténticamente y practicar juntos la búsqueda de soluciones y compromisos que permitan garantizar un equilibrio sano. Afrontar y resolver juntos los conflictos nos hará más fuertes.
  2. Generar en la convivencia espacios de cuidado personal y relacional: el psicólogo e investigador estadounidense experto en relaciones de pareja, John Gottman, señala que cada vez que sufrimos una interacción negativa con nuestra pareja, necesitamos 5 interacciones positivas para reparar el daño. Esto es importante pues, a menudo, la convivencia lleva consigo un aumento de las interacciones negativas, junto con un descuido de las positivas. El término “positivas” no hace referencia necesariamente a acciones grandiosas y especiales (ej.: preparar una escapada romántica). Al contrario, a menudo los miembros de la pareja refieren echar en falta cuestiones cotidianas y que sin embargo dan aliento a nuestra vida, como sentirnos escuchados/as sin juicios, que nos pregunten simplemente “qué tal nuestro día”, sentirnos tenidos/as en cuenta a la hora de tomar decisiones, o recibir apreciación o reconocimiento por algo que hemos hecho. Ésos suelen ser los granos de arena que llenan, como dice Gottman, “El Banco del Amor”, de tal forma que vamos fortaleciendo nuestro vínculo para poder afrontar juntos los desafíos que vengan.
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