Teoría y Terapia Basada en la Mentalización de Fonagy y Bateman

Mentalización y apego

¿Qué es la mentalización?

Peter Fonagy, psicoanalista británico, en su Teoría de la Mentalización la define como la capacidad que tenemos todos los seres humanos para explicar el comportamiento propio y ajeno a través de la atribución de estados mentales.

Es decir, es la capacidad para tener en mente nuestra propia mente, así como la mente de los demás.

Esta es la definición base de la terapia basada en la mentalización que crea junto a Bateman.

Mentalizar consiste en poder imaginar lo que está pasando por la mente de la otra persona, así como ser conscientes de que puede ser diferente de lo que nosotros estemos pensando y sintiendo en ese mismo momento.

Un indicador importante de mentalización es ser conscientes de que no podemos conocer absolutamente todo lo que está pasando por la mente de la otra persona.

¿Cómo se adquiere la capacidad para mentalizar?

La mentalización es una capacidad no innata, que se desarrolla en el vínculo de apego temprano, es decir, en nuestras primeras interacciones con nuestros cuidadores primarios.

De esta manera, desde que nacemos necesitamos un cuidador que sea sensible a nuestras necesidades, que sepa leer los diferentes estados mentales en los que nos encontramos en cada momento, y que actúe responsivamente ante ello.

Por ejemplo, un niño cuando llora necesita que sus padres puedan imaginarse lo que está sintiendo, que le pongan palabras y que actúen en consecuencia.

De esta forma, el niño aprenderá a través de la ayuda del adulto a reconocer sus propios estados mentales.

La capacidad de los padres para tener en su mente la mente de su hijo (sus sentimientos, deseos e intenciones) ayudará al niño a descubrir su propia experiencia interna, y a ir generando una representación coherente de sí mismo y de los demás.

Pero si el cuidador no cumple esta función de forma adecuada, generará confusión en el niño, lo que le dificultará que aprenda a identificar sus sentimientos y a saber regularlos.

Es por ello que, la alta capacidad de mentalización o función reflexiva de los cuidadores se relaciona con el establecimiento de un vínculo de apego seguro en los niños, ya que posibilita que los padres puedan interpretar los estados mentales de sus hijos y responder adecuadamente a sus necesidades.

Esta vinculación segura con el cuidador, permitirá al infante que en el futuro pueda formar relaciones sanas con los demás, así como desarrollar recursos adaptativos ante posibles situaciones adversas de la vida.

Por el contrario, los padres que no son capaces de reflexionar sobre lo que les pasa a ellos por dentro, lo que les ocurre a sus hijos y de actuar acorde a sus necesidades, establecen vínculos de apego inseguro o desorganizado con los niños.

Esto dificultará en el infante el desarrollo de esa capacidad para mentalizar, perjudicando en el futuro sus relaciones interpersonales, y teniendo una mayor vulnerabilidad para desarrollar una patología mental.

¿En qué nos ayuda tener una buena capacidad de mentalizar, según la terapia basada en la mentalización?

Una buena capacidad para mentalizar, según la terapia basada en la mentalización, nos posibilitará cumplir las siguientes funciones:

  • Reconocer y reflexionar sobre nuestros propios pensamientos y sentimientos.
  • Ser capaces de regular nuestras emociones y conductas. Si somos capaces de identificar nuestras necesidades y deseos, así como las del otro, podremos tomar decisiones al respecto, e inhibirnos o expresarnos adecuadamente según el contexto.
  • Comprender el comportamiento de los demás, incluso en ocasiones poder predecirlo.
  • Anticipar cómo puede impactar cierta actitud nuestra en el otro, y por tanto, modular nuestro comportamiento para no dañarle, lo que facilita formar relaciones interpersonales más sanas.
Fonagy La terapia Basada en la mentalización

Esta capacidad se puede dar de forma automática o controlada.

En el primer caso, es lo que hacemos constantemente en las interacciones que tenemos en el día a día, en las que generamos sentimientos y juicios acerca de los demás.

Mientras que la mentalización controlada se produce cuando nos paramos a reflexionar sobre algo, como nuestra conducta o la de los demás.

¿Se puede entrenar la capacidad para mentalizar?

El cerebro tiene una gran plasticidad neuronal, por lo que aunque esta capacidad se desarrolle fundamentalmente en los primeros años de vida, también puede hacerlo en la etapa adulta.

Esta capacidad se puede entrenar y de hecho se desarrolló un enfoque terapéutico para ello, la terapia basada en la mentalización.

La terapia basada en la mentalización fue desarrollada por Peter Fongay y Anthony Bateman.

En sus inicios se utilizaba principalmente como tratamiento para el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP).

Las personas con TLP tienden a experimentar cambios fuertes en el estado de ánimo, de manera que sus sentimientos hacia los demás pueden cambiar rápidamente, pasando del amor al odio y viceversa.

Suelen irse a los extremos, como pensar o que todo es bueno o que todo es malo, y estos sentimientos tan cambiantes tienden a originarles relaciones inestables y mucho dolor emocional.

Se sugiere que la clave para entender a las personas con TLP  es que pierden a menudo temporalmente la capacidad para mentalizar dentro de las relaciones de apego, lo que les hace más vulnerables a experimentar cambios rápidos en los estados emocionales y a tener conductas impulsivas.

Es por ello que la terapia basada en la mentalización se propone como un tratamiento de elección para tratar el TLP.

No obstante, se ha demostrado que este enfoque terapéutico también resulta eficaz para tratar otras muchas patologías como la depresión, la ansiedad o los trastornos alimentarios.

¿En qué consiste exactamente la Terapia Basada en la Mentalización (MBT)?

En este enfoque el terapeuta trata de explorar junto con el paciente los estados mentales propios y ajenos, fomentando su capacidad reflexiva incluso ante episodios de gran activación emocional.

Teoría de la metalización y problemas de apego

A través de esta terapia, el paciente acaba consiguiendo un mayor control emocional y conductual, así como una mejora en la capacidad para relacionarse con los demás.

La persona aprende a conocerse mejor a sí misma, mejora notablemente su estado de ánimo, y aumenta su autoestima y su seguridad interna.

Batman y Fonagy describen cuatro estrategias que un terapeuta formado en mentalización debe llevar a cabo:

  • Favorecer la mentalización: el terapeuta debe mantenerse en una posición “mentalizadora”, es decir, debe facilitar la reflexión entre lo que dice o hace el paciente y sus estados mentales, así como sobre sus propios estados internos.
  • Tender puentes entre los vacíos: el terapeuta le devuelve al paciente cómo cree que está viviendo la relación terapéutica, de forma que éste pueda sentir que su mente está siendo explorada por otra mente en un lugar seguro. La persona sentirá que el terapeuta tiene “su mente en mente”.
  • Trabajar con estados mentales actuales: es importante que la persona pueda entender que sus estados mentales actuales pueden estar siendo influidos por acontecimientos del pasado, a la vez que se le ayuda a que aprenda a manejarlos en el aquí y el ahora.
  • Tener en cuenta los déficits del paciente: es importante tener en cuenta sus dificultades para evitar por ejemplo, interpretaciones inadecuadas.

Por tanto, la capacidad para mentalizar resulta clave para que podamos entendernos a nosotros mismos y a los demás, tener un buen autocontrol emocional, adaptarnos al entorno, establecer relaciones de calidad y ser  capaces de enfrentarnos a la adversidad.

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Autora: Mariló Pérez

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