Freud: Inhibición, Síntoma y Angustia

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Inhibición, síntoma y angustia en el psicoanálisis

Freud publica “Inhibición, síntoma y angustia” en 1926, un texto en el cual revisa sus teorías y actualiza sus hipótesis sobre la angustia.

Para ello analiza tres conceptos distintos pero relacionados entre sí.

La angustia:

Antes de esta teoría, Freud entendía la angustia como resultado de la libido no descargada y, por tanto, creía que provenía del ello, pero en “inhibición, síntoma y angustia” habla de que esta se debe al peligro: la angustia es la reacción del organismo ante una situación peligrosa.

Este cambio en la concepción de la angustia supone que esta es la que causa el proceso represivo y no como se creía antes es causada por la represión.

Freud distingue entre angustia real y neurótica haciendo alusión a si el peligro es real o no respectivamente.

El mecanismo que se pone en marcha ante una angustia que proviene de un peligro externo es involuntario y automático, mientras que el que opera frente a un peligro que viene de dentro (y no es perceptible para los demás) es generado por el Yo ante el peligro pulsional y de acuerdo al principio del placer-displacer.

Según Freud, señala en Inhibición, Síntoma y Angustia que el primer momento de angustia es el nacimiento.

El trauma del nacimiento tiene que ver con el peligro de que las necesidades del bebé no se cubran de forma inmediata como lo hacían dentro de la madre durante el embarazo.

Esta añoranza de la madre y la satisfacción de sus necesidades se traslada a otros momentos posteriores que provocan la angustia infantil como la soledad, la oscuridad y la pérdida de la madre o cuando en vez de esta aparece un desconocido y son el origen según Freud de otras angustias en la edad adulta.

Para Freud el Yo es la verdadera sede de la angustia: “La angustia es un estado afectivo, que naturalmente sólo puede ser sentido por Yo. Toda formación de síntomas es emprendida con el solo y único fin de eludir la angustia “.

A partir de esta nueva teoría, la angustia es el motor que genera la represión y que provoca la aparición del síntoma y se distingue del miedo porque no tiene un objeto especifico, sino que es una sensación más generalizada.

La inhibición:

En el artículo de Inhibición, Síntoma y Angustia, Freud señala que la inhibición es una limitación funcional del Yo, es decir es la restricción del impulso que impide que este se despliegue de forma satisfactoria.

Esta obstrucción la realiza el Yo como medida de control y precaución o debido a falta de energía.

 

inhibición síntoma y angustia

Una inhibición puede ser una limitación normal en cualquier función. Las áreas que Freud estudia y en las que observa este tipo de inhibiciones son: la sexualidad, la alimentación, la locomoción y el trabajo.

Un ejemplo de inhibición en el área de la sexualidad serían la impotencia o la eyaculación precoz que se interponen en el desarrollo satisfactorio de la función sexual.

En el caso de la alimentación, la inhibición supondría la falta de apetito por el displacer al comer o un placer excesivo que lleve a un atracón.

Según el autor, estas inhibiciones tienen que ver con que el ejercicio de estas actividades provoca la angustia.

El síntoma:

Cuando, fruto de esta represión, la idea no logra hacerse consciente y permanece encubierta, se genera el síntoma.

En este caso se trata del indicio y sustituto de una satisfacción pulsional interceptada.

Cuando un impulso se reprime, este nunca desaparece, sino que permanece atrapado en el inconsciente y tiene su reflejo simbólico en el exterior como síntoma.

El instinto no logra satisfacerse porque el Superyó ordena al Yo que intervenga en el control del impulso que proviene del Ello y es sustituido por el síntoma.

De esta forma, el síntoma supone una variación mucho mayor en la función, mientras que la inhibición suele ser una limitación temporal en la propia función debido, en la mayoría de los casos, a la angustia.

Una de las diferenciaciones entre inhibición y síntoma es que el síntoma es patológico mientras que la inhibición no lo es necesariamente, sino que responde a algo funcional y adaptativo.

Las aportaciones de Sigmund Freud -y de su artículo de Inhibición, Síntoma y Angustia- al campo de la psicología son innumerables y sus teorías, siempre revisables y en constante actualización, forman parte de cómo se ha llegado a conocer la estructura psíquica y el funcionamiento psicológico y nos permiten aún hoy comprender las reacciones frente a la angustia y poder trabajar con ella en consulta.              

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Autora: María Rodríguez

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