Descubre las características y consecuencias del mobbing

Cómo sobrevivir al acoso laboral o mobbing y no morir en el intento.

 
El acoso laboral o mobbing consiste en denigrar a una persona concreta, la víctima, hasta destruirla e invisibilizarla sin dejar rastro del “delito”.

El principal problema, cuando somos objeto de una situación de acoso laboral, es que no sabemos identificarla y cuando lo hacemos es demasiado tarde. Para entonces ya se han deshecho de nosotros, y lo peor: nadie se ha dado cuenta, ni siquiera nosotros mismos. Todo esto hace que reconocer el acoso sea tan importante, solo así podremos reaccionar de la forma adecuada.

Los acosados suelen ser individuos que suscitan en otros algún tipo de celos o envidia, por lo que el acosador o acosadores se sienten amenazados por ellos. Los motivos que se esconden detrás de este sentimiento de amenaza, suelen estar relacionados con características propias de la víctima, tales como unas habilidades sociales destacables, un alto nivel de competencia o entusiasmo, una actitud positiva o su negativa a participar en actividades ilícitas e ilegales, etc. Ejemplos como los anteriores hacen que una persona esté en el punto de mira del acosador o acosadores.

A menudo, la víctima no detecta el mobbing y esto la posiciona en una situación de especial vulnerabilidad, ya que el acosador o acosadores pueden aniquilarla sin que nadie se percate de ello. De repente la relación con el agresor cambia: pasa de ser normal o sana a nefasta. Es entonces cuando el acosado comienza a sentirse confundido, no entiende nada y esta confusión le genera un fuerte sentimiento de culpa. Se empieza a hacer preguntas como: -¿qué he hecho mal?-

El proceso del acoso Laboral-mobbing

Algunas tácticas básicas de acoso laboral son:

  • interrumpir continuamente a la víctima,
  • criticar su trabajo de forma sistemática y menospreciarla,
  • evitar hablar con ella e incluso negarle el contacto visual,
  • desacreditarla a través de la propagación de rumores, cotilleos o chistes de los que se convierte en protagonista,
  • atribuirle problemas psicológicos o trastornos mentales,
  • cuestionar la efectividad en su puesto de trabajo, lanzar amenazas hacia su persona o incluso ejercer hacia ella algún tipo de acoso sexual,
  • asignarle tareas inútiles o inferiores,
  • etc.

El acoso laboral tiene sus propias fases y aunque parezca sorprendente sigue unas pautas muy concretas.
La primera manifestación del acoso laboral es la desaprobación continua o la divulgación de críticas crueles e inventadas hacia la víctima. Por ejemplo, se descalifican sus ideas incesantemente o los planteamientos que hace sobre las tareas a desempeñar. Aquí empieza la fase de persecución y en esta, se recurre a todo tipo de artimañas encaminadas a desacreditarla, tales como propagar rumores, cotilleos, burlas, poner motes, realizar mentiras interesadas, etc., todo vale para reducir a la víctima a la mínima expresión, con el objetivo final de anularla.

El siguiente paso es el aislamiento social seguido del despojo de responsabilidad laboral, se la va “rebajando”. A estas alturas la víctima ya ha perdido la confianza en sí misma y ha dejado de creer en sus capacidades. No se valora, no se siente capaz: está aniquilada. Empieza a sentir vergüenza o culpa y se cree responsable y merecedora de toda esa hostilidad.

Algunas veces, la persona tiene un momento de lucidez en este punto y se da cuenta de que ha sido víctima de acoso laboral, pero alberga tanto miedo que cree que contarlo es peor y además, ya es demasiado tarde. Los acosadores han logrado destruir su imagen, es posible que incluso hayan conseguido perturbarla para que reaccione con agresividad o por el contrario que haya desarrollado un comportamiento tan sumiso, que ahora sea un muñeco de trapo. Los rumores y calumnias han cumplido su efecto: todo el mundo piensa que la víctima está desquiciada, es una persona conflictiva o rara, y además, ella misma se atribuye la responsabilidad de dicha situación. Todos piensan o dicen frases como: “ella se lo ha buscado” “debería de arreglar sus problemas con su jefe o sus compañeros, etc.” A partir de aquí todo va a peor.

El aislamiento va incrementándose y también los síntomas relacionados con la situación de acoso: ansiedad, inseguridad, estrés, hipervigilancia, problemas relacionales, de pareja, estado de ánimo depresivo, etc. Para el acosado su día a día se convierte en una tortura, es insufrible: empieza a enfermar y vienen las bajas laborales. Termina siendo despedido, trasladado o abandonando la empresa (por iniciativa propia). Los depredadores han cumplido su objetivo: el acoso laboral se ha realizado con éxito.
 

Cómo enfrentar el acoso laboral

Para poder enfrentarse al acoso hay que poder desvincularse emocionalmente de las situaciones y ello requiere mucho trabajo personal. A menudo, es necesaria la intervención de un profesional que nos ayude a identificar lo que nos está pasando y cómo enfrentarnos a ello.

El primer paso para confrontar el acoso laboral es ser capaces de reconocerlo. Cuando la persona es consciente y habla del tema, deja de somatizar el problema y pasa de un estado reactivo, como el miedo o la angustia, a un estado de más tranquilidad y control.

Solo una vez que el acoso se identifica, la víctima puede entender sus reacciones de enfado, rabia, etc. Ser consciente de lo que está pasando, le permite asumir el control emocional y desarrollar estrategias eficaces para resolver el conflicto.

Para enfrentarse a una situación de acoso laboral es importante aprender a manejar estrategias asertivas, así como trabajar en el fortalecimiento de la autoestima. De este modo, se podrá responder a la agresión de una forma controlada sin reaccionar de manera agresiva o sumisa, que es lo que espera el acosador o acosadores. Si la persona siente que esta situación le abruma, puede recurrir a psicólogos especializados que le ayudarán a superar las secuelas del acoso y de este modo poder defenderse.

Ninguno de nosotros estamos exentos de haber participado en una situación de acoso laboral hacia otra persona. Quizás en algún momento nos hemos creído los rumores del grupo o hemos juzgado a alguien sin tener suficiente información. Evitar formar parte de este comportamiento está al alcance de cualquiera. Basta con que una única persona decida no entrar en el juego dirigido del acosador o los acosadores.
 

Autora Psicóloga Rebeca Carrasco
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