Patologías del vacío

Patología del vacío

Patologías del vacío ¿Qué son y cómo se manifiestan?

¿Alguna vez has sentido que, a pesar de tenerlo todo, sigue habiendo un vacío dentro de ti? A mi consulta acuden cada vez más personas con una enorme frustración precisamente por esto: creen que lo tienen todo y que no tienen de qué quejarse y, sin embargo, experimentan una enorme insatisfacción y apatía.

Las patologías del vacio en la clínica psicológica

En mis años como psicóloga clínica me he ido encontrando con personas que acuden a terapia con sintomatología muy diversa pero con algo en común: el vacío.

 Vivimos en una época donde todo ocurre muy deprisa, donde la inmediatez y el consumo están a la orden del día y tanto el ritmo como el ansia por comprar camuflan nuestras carencias y actitudes ansiosas.

El amor parece cada vez más líquido y las relaciones se vuelven efímeras, la dependencia y la fragilidad emocional se esconden tras una máscara de independencia.

Sabes si sufres alguna patología del vacío

¿Te has sentido alguna vez mal por sentirte dependiente? No sería raro dado que nos han enseñado que debemos ser totalmente autosuficientes, que la persona hecha a sí misma es el ideal, pero esa supuesta independencia en ocasiones nos deja con un profundo vacío.

Una de las grandes paradojas de nuestra especie es que, aunque nacemos completamente dependientes de los otros, en la vida moderna tendemos a negar esa dependencia y aspiramos e idealizamos una independencia que nos aleja de nuestra parte más humana.

La negación de la dependencia hacia los otros nos lleva a desarrollar una dependencia hacia objetos y placeres momentáneos tratando de llenar así un vacío que parece que todos tenemos.

Te habrás dado cuenta de que la era digital nos ha acostumbrado a respuestas rápidas y con ello, la frustración, que antes podía ser elaborada con calma, ahora se vuelve insoportable en cuestión de segundos.

La angustia no se procesa, se neutraliza con compras compulsivas, drogas, dietas, cirugías estéticas, relaciones dependientes o atracones de comida. Es como si intentáramos llenar un vacío psíquico que, en realidad, no puede ser llenado con objetos externos.

Desde la clínica contemporánea, hablamos de las patologías del vacío que reúnen problemáticas como la bulimia, la anorexia, las adicciones en todas sus formas, las relaciones dependientes… todas ellas expresiones diferentes de la misma dificultad: confrontar y aceptar el vacío interno.

Patologías del vacío características

Síntomas de las patologías del vacío

En consulta, frecuentemente me encuentro con personas que sienten falta de motivación, un deseo apagado, o que si logran vincularse con otros, sienten que algo falta en esa relación, que no llega a satisfacer esa especie de hambre interna.

¿Te suena familiar? En estos casos, la apatía y la dificultad para sentir se traducen en impulsividad, como si la acción reemplazara aquello que no se puede poner en palabras y de esta forma evitan enfrentarse a ese gran vacío interno.

Puede que te estés preguntando: ¿de dónde viene o a qué se debe ese vacío?. En los casos más graves, al profundizar en terapia, suele salir a la luz una historia de desamparo en la infancia y una enorme indefensión aprendida.

El vacío denota la ausencia del otro, la figura de apego que no estuvo presente o no pudo satisfacer nuestras necesidades. Esa sensación angustiosa se convierte en un motor que impulsa conductas impulsivas o autodestructivas, en un intento inconsciente de sustituir esa carencia con objetos o comportamientos que alivien momentáneamente esa sensación de insatisfacción constante.

La subjetividad —lo que sentimos y somos como individuos— es una construcción relacional y cultural. Nos formamos en relación a los otros, especialmente en la familia, el primer núcleo social donde aprendemos qué podemos esperar del mundo y de las personas.

Desde pequeños aprendemos a relacionarnos con nuestro mundo interno a partir de cómo nuestras figuras de apego atienden y se relacionan con nosotros y nuestras necesidades.

Es importante aclarar que en cualquier familia, por muy funcional que esta sea, siempre quedarán necesidades sin satisfacer. Ese vacío inherente al ser humano nos empuja a buscar fuera lo que no encontramos en nuestro interior o en nuestras relaciones cercanas.

Pero cuando no hemos podido generar intimidad con los demás no aprendemos a tenerla con nosotros mismos.

En esos casos, las personas se tienen que defender de su interior angustiante y paralizante sobre el cual no pueden pensar y por tanto actúan de forma impulsiva o agresiva, ya que perciben al otro como una amenaza.

La dificultad para conectar con uno mismo y con los demás hace que el vacío se vuelva aún más insoportable.

Cuáles son las patologías del vacío

Recuerdo las palabras de un profesor de la universidad que decía que el vacío no se puede llenar pero si se puede hacer más pequeño y tolerable. Entonces ¿cómo podemos calmar esa sensación tan angustiosa?

Como decíamos, aunque no podamos llenarlo, la buena noticia es que podemos hacer algo con ese vacío en terapia, donde uno de los objetivos principales es crear un espacio seguro y de confianza para que puedas enfrentarte a eso tan angustioso y que en compañía de un profesional puedas poner en palabras aquello que antes no pudo ser nombrado.

Siempre le digo a mis pacientes que algo bonito que ocurre en terapia es que se repite aquello que nos pasa fuera. Eso es una muy buena noticia ya que nos permite trabajar sobre ello y cambiarlo utilizando la propia relación terapéutica.

Siguiendo esta lógica una persona con dificultades para conectar con los otros le costará hacerlo con la terapeuta y puede que al principio sienta que falta algo, pero la diferencia será que con ayuda del o la profesional eso se va a poder poner sobre la mesa sin que la persona se sienta mal por ello e incluso pudiendo sentirse comprendido, igual por primera vez, con algo así.

 Poder identificar qué está pasando y de dónde viene esa dificultad ayuda a que poco a poco se pueda ir elaborando el conflicto y a su vez genera confianza y cercanía en el vínculo.

De la misma forma que nuestros patrones comportamentales se cuelan en el espacio terapéutico, los cambios que ocurren en la terapia se trasladan a otros ámbitos y, por tanto, aprender a confiar y generar un espacio de intimidad en terapia nos permite hacerlo fuera.

A raíz de empezar a elaborar y entender aquello que sentimos, empezamos a perderle el miedo, podemos enfrentarnos a ese vacío sin que sea necesario huir o tratar de llenarlo a toda costa y los síntomas derivados empiezan a remitir.

Sobre el autor

Autor: Laura Rodríguez
Nº de colegiado: M-20349
Experiencia clínica:

Graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid. Es Psicóloga colegiada (M-35015) con Máster en Psicología General Sanitaria y Máster en Psicoterapia Humanista y Terapia Focalizada en la Emoción por la Universidad Pontificia de Comillas.

Como terapeuta trabaja desde una orientación ecléctica e integradora con influencias de distintas corrientes psicológicas especialmente la psicoanalítica y humanista, lo que le permite tener una mayor flexibilidad a la hora de abordar diferentes problemáticas adaptándose siempre a las necesidades de sus pacientes.

Página de la autora

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