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Trastorno personalidad obsesivo compulsivo: el perfeccionismo que daña

Trastorno personalidad obsesivo compulsivo: el perfeccionismo que daña

Trastorno de Personalidad Obsesivo Complusivo. De cuando el perfeccionismo daña

 

Qué es Trastorno de Personalidad Obsesivo Complusivo


Muy probablemente, el lector pueda identificar en su entorno a una persona con potentes rasgos perfeccionistas, de control, falta de flexibilidad y tendencia a una planificación extrema. Pues bien, si esta persona coincide con la breve descripción anteriormente hecha, y lo más importante, si cuando se nos pregunta por su personalidad, decimos que se trata de alguien perfeccionista y rígido, es posible (aunque también puede no serlo) que nos encontremos ante una persona con características propias de lo que se ha descrito en la literatura científica como Trastorno de la Personalidad Obsesiva-Compulsiva (TPOC).

Es conveniente, en primer lugar, aclarar que el TPOC no equivale al Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC). Mientras que el primero se enmarca en los llamados Trastornos de la Personalidad, el segundo se enmarca en los Trastornos de Ansiedad.

A pesar del efecto incapacitante de ambos en la vida diaria de quien lo padece, el TOC es descrito por la Organización Mundial de la Salud como uno de los trastornos más incapacitantes que existen, dada la magnitud de su expresión sintomática y la persistencia de la misma. Aunque el TPOC presenta también una sintomatología en cierta manera incapacitante, ésta puede acompañarse de una vida más llevadera.

 

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La expresión del fenómeno puede darse de multitud de maneras, aunque son frecuentes la necesidad de perfeccionismo, el orden y el control. Éste último es un aspecto que podríamos calificar de nuclear en esta entidad.

Este control se ve reflejado en la necesidad de un escrupuloso cumplimiento de plazos, tareas, normas, objetivos y estándares morales. Asimismo, el no cumplimiento de las leyes es vivido como un imposible, algo prohibido, aplicándoselo no solamente a sí mismos, si no también a los demás, lo cual repercute en su desenvolvimiento interpersonal: para el que padece síntomas compatibles con este trastorno, parece enormemente lógico, esperable y normal que los demás se adapten a su estricta y férrea visión del mundo.

Han de actuar como él actuaría para no ser calificados como personas desastrosas, dejadas, poco profesionales o caóticas. Todo lo que no estaba establecido en la hoja de ruta y expectativas del paciente le resulta fastidioso.

Hasta ahora se ha descrito el aspecto más fenomenológico de esta patología. Convendría por lo tanto preguntarse no solamente qué hacen o dejan de hacer estas personas, si no qué sienten. Cuando los comportamientos/actitudes/ etc. exceden los límites del deber es cuando en estas personas aparece un arrollador sentimiento de culpa e inadecuación, de no merecimiento de esos momentos no centrados en la obligación. Si reparásemos en los pensamientos que circulan por la mente de estas personas, nos daríamos de bruces con una tremenda estampida de tengo que, debería haber hecho, debo hacer, no puedo no hacer.


Las personas que presentan este cuadro clínico de trastorno e personalida obsesiva complusiva, pueden, en un sentido más psicoanalítico y profundo, presentar un deseo en cierta medida inasumible, inalcanzable.

Obsesivo compulsivoEn la neurosis obsesiva (una vez más, en términos psicoanalíticos), el sujeto trata de presentarse a sí mismo en una posición subjetiva no deseante. Esto significa que en la persona se aprecia una negación de todo aquello que exceda los límites del cumplimiento, del hacer y del deber. En resumen, para el neurótico obsesivo, no parece haber cabida para el disfrute (o el deseo).

Es probable, por lo tanto, que en personas con esta problemática la vida fuera de la esfera laboral esté en menor o mayor medida afectada. Ejemplo de esto serían unas vacaciones que se posponen eternamente, el deseo de compra de un artilugio que nunca llega a formalizarse o la incomodidad a la hora de hacer planes que nada tienen que ver con el deber, dada su exacerbada preocupación por el rendimiento y el no fallo.

Es por esto que en la neurosis obsesiva es sumamente frecuente encontrarnos con expresiones verbales donde la negación predomina, siendo ésta en última instancia una afirmación encubierta (Ej: no te vayas a creer que lo que quiero es librarme de este trabajo; no puedo no hacerlo).

El deseo en el neurótico obsesivo es sentido como un peligro. El sujeto siente que no es merecedor de satisfacerlo, y es por ello que se ve atrapado en una lógica tal en la que ha de expiar la culpa originada por tener tal deseo. Esta sensación de desmerecimiento lleva al neurótico obsesivo a quedarse encasillado en la toma de decisiones.

Todas las alterativas son analizadas con suma exhaustividad, hasta tal punto que el proceso de toma de decisiones se ve alterado hasta no consumarse. Esto es comúnmente conocido en Psicología como la duda obsesiva. Dicha duda también aparece en la ejecución de una tarea: los pormenores de la misma son tan tenidos en cuenta que al final el sujeto confunde el objetivo primordial de ésta. El nivel de incapacitación puede ser entonces sumamente elevado.

 

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Diagmóstico del trastorno de personalidad obsesivo compulsivo


El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) describe los siguientes criterios diagnósticos para el TPOC:

“Patrón dominante de preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control mental e interpersonal, a expensas de la flexibilidad, la franqueza y la eficiencia, que comienza en las primeras etapas de la vida adulta y está presente en diversos contextos, y que se manifiesta por cuatro (o más) de los siguientes hechos:

  1. Se preocupa por los detalles, las normas, las listas, el orden, la organización o los programas hasta el punto de que descuida el objetivo principal de la actividad.

  2. Muestra un perfeccionismo que interfiere con la terminación de las tareas (p. ej., es incapaz de completar un proyecto porque no se cumplen sus propios estándares demasiado estrictos).

  3. Muestra una dedicación excesiva al trabajo y la productividad que excluye las actividades de ocio y los amigos (que no se explica por una necesidad económica manifiesta).

  4. Es demasiado consciente, escrupuloso e inflexible en materia de moralidad, ética o valores (que no se explica por una identificación cultural o religiosa).

  5. Es incapaz de deshacerse de objetos deteriorados o inútiles aunque no tengan un valor sentimental.

  6. Está poco dispuesto a delegar tareas o trabajo a menos que los demás se sometan exactamente a su manera de hacer las cosas.

  7. Es avaro hacia sí mismo y hacia los demás; considera el dinero como algo que se ha de acumular para catástrofes futuras.

  8. Muestra rigidez y obstinación.”

 

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Acudir a un profesional cualificado para el abordaje de las dificultades descritas unas líneas más arriba es necesario cuando el malestar generado sea un obstáculo para un adecuado desenvolvimiento en las actividades de la vida diaria.

Al tratarse de una entidad que incide sobremanera en el día a día, el desasosiego puede llegar a ser notable cuanto menos. En multitud de ocasiones, el mantenimiento de unos comportamientos no funcionales es debido a la creencia errónea de que esos comportamientos siguen siendo de suma utilidad en nuestra vida.

Por ejemplo, podemos sentir que estamos más tranquilos a corto plazo cuando somos minuciosos a la hora de entregar un trabajo, analizando todos y cada uno de los pormenores de éste. También podemos sentirnos más calmados cuando elaboramos listas de cosas que hacer a modo de guía o sentirnos mejor con nosotros mismos diciendo que no a un plan de ocio por el mero hecho de tener algo que hacer al día siguiente.

Todo esto está muy bien, pero de la misma forma en que un caramelo se deshace en la boca a los pocos minutos, el bienestar obtenido a raíz de estos comportamientos es también perecedero. A la larga, la sensación subjetiva de privación de libertad y flexibilidad va causando mella en nuestra vida cotidiana. Esa hendidura cuenta con una magnitud alarmante cuando el malestar supera al bienestar y cuando la libertad va perdiendo espacio en nuestra vida.

 

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Autor: Álvaro Narvaiza

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