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El síndrome del impostor: cuando siento no merecer nada

El síndrome del impostor: cuando siento no merecer nada

EL SINDROME DEL IMPOSTOR : CUANDO NOS SENTIMOS QUE ENGAÑAMOS Y CREEMOS QUE SOMOS UN FRAUDE FRAUDE

Qué es el síndrome del impostor

 

En un mundo laboral cada vez más cambiante, exigente e inestable, las demandas a las que tenemos que hacer frente para encajar en un puesto de trabajo, así como para mantenerlo, son cada vez mayores. Esto implica, en consecuencia, una mayor presión para los trabajadores y la necesidad por su parte de adaptarse de forma más rápida y eficaz.

En el presente artículo se hablará del conocido como Síndrome del Impostor, un conjunto de síntomas emocionales, cognitivos y conductuales cuyo núcleo consiste en la sensación subjetiva por parte del quien lo sufre de no ser merecedor del puesto de trabajo en el que se encuentra, de ser un engaño para los demás (sus superiores, compañeros) y para sí mismo. En resumen, la persona se percibe a sí misma como un fraude en el puesto que ocupa. Algunos estudios arrojan una prevalencia de aproximadamente el 20% de la población activa, pero dada su novedad, los estudios llevados a cabo sobre el síndrome del impostor han sido escasos.
 

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Causas del síndrome del impostor: por qué me siento un fraude


Las causas que se atribuyen al síndrome del impostor son variadas y todavía por determinar con exactitud. No obstante, sí se ha apreciado una especial importancia de los mensajes que uno ha podido recibir desde pequeño en el seno familiar, especialmente aquellos relacionados con su valía y capacidad.

Por un lado, una persona que ha crecido escuchando de forma reiterada que no será capaz de llevar a cabo tal o cual tarea, que no será capaz de sacar una buena nota o al que se le describe el mundo como especialmente hostil y complicado, tenderá, muy probablemente, a encontrar dificultades para atribuirse a sí mismo los logros que objetivamente le corresponden y se sentira que es un mentiroso, un impostor un fraude.

Resultará difícil para esta persona “entender” que los éxitos que ha cosechado son gracias a su valía, y los relacionará con otros aspectos que escapan de su control como la mera suerte o la casualidad. Por otro lado, puede darse el caso de niños que han escuchado de sí mismos que son capaces de todo, niños a los que se les ha atribuido una capacidad fuera de lo común.


sindrome del impostor y fraudeCualquiera puede pensar en dónde residiría entonces el problema en esto: si me dicen repetidamente que soy un niño inteligente, que seré exitoso y que podré con todo, ¿por qué iba yo a sentirme como un impostor el día de mañana en mi puesto de trabajo? Pues bien, esta persona sentirá, probablemente, una enorme presión para “mantenerse” en el lugar en el que sus figuras de referencia le situaron.

Sentirá con enorme probabilidad que no puede bajar de ese escalón si quiere seguir siendo visto de aquella manera por su entorno. Además, es posible que, al pensar que su inteligencia es vista como algo innato, como un don, todo éxito no es debido a hechos concretos ni comportamientos y logros específicos, si no, una vez más, debido a algo donde la persona ostenta poco o ningún control.

En ambos casos, parece pertinente hablar de la manera en que las personas que padecen este síndrome del impostor perciben el mundo. Es aquí donde juegan su papel los llamados sesgos cognitivos. Éstos son descritos como preconcepciones razonables y potentes que explican lo que ocurre alrededor de nosotros. Ejercen como filtros de la realidad.

Por ejemplo, alguien acostumbrado desde pequeño a escuchar que no es válido, que no será capaz y que sus éxitos son causa del azar, se inclinará el día de mañana a rechazar como válidas todas aquellas explicaciones y hechos fehacientes que rinden cuenta de una valía objetiva y sentirá que es un fraude, un mentiroso y que engaña, cuando se le reconoce su trabajo -sentimiento central del síndrome del impostor-.

Si esa persona es ascendida, sentirá poco tendrá que ver su paso por el puesto anterior y los logros obtenidos. Este ascenso será vivido como una casualidad, pura suerte debida probablemente a que el jefe tuvo un buen día o a que nadie más podía ocupar el puesto que ocupará. Resumiendo, todo logro que los demás les atribuyan serán vividos con duda y desconfianza.

 

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Características de las personas que sufren el síndrome del impostor


Pero, ¿qué les ocurre a las personas que sufren el síndrome del impostor? Para responder a esta pregunta, es conveniente desgranar lo que les pasa en un plano cognitivo, emocional y conductual.      

En el plano cognitivo, las personas tendrán pensamientos como “Me van a despedir”, “No estoy preparado para este puesto”, “Quién me manda meterme aquí”, “No valgo para esto”, “No entiendo por qué me ofrecen este trabajo”, etc. Serán pensamientos enormemente relacionados con la discrepancia entre su valía real y el trabajo que llevan a cabo y para el que muy seguramente, estén preparados.

En el plano emocional, es esperable que, al pensar lo que piensan, estas personas tengan sentimientos relacionados con la duda, la incertidumbre, el miedo, la preocupación, la desconfianza o la alerta.

Al pensar y sentir todo esto, las personas con síndrome del impostor podrán comportarse de las siguientes maneras: se mostrarán mas inhibidos, saliendo menos de su despacho, relacionándose en menor medida con sus compañeros, procrastinando en las tareas o quedándose más horas de las necesarias en el puesto para “escapar” de posibles críticas de sus compañeros y superiores, mirar más el reloj, no preguntar en caso de duda para no destapar su irracional falta de valía o esconder errores.

Estos comportamientos cumplen la función de librar al trabajador del malestar en el corto plazo, pero no solucionan el problema en el largo plazo.

 

Tratamiento psicológico en el síndrome del impostor

me sientomun fraudePara terminar, conviene esbozar de forma breve las posibles intervenciones que pueden hacerse para paliar los estragos de este síndrome del impostor, tanto por parte del trabajador que lo sufre como de la empresa.

Estas últimas, por su parte, pueden aportar al trabajador herramientas para impedir el desarrollo de este tipo de dificultades. Por un lado, una entrada progresiva tanto en la empresa como en el nuevo puesto puede ser de gran ayuda. Asimismo, y de forma complementaria, la implementación de programas de mentoring en las empresas pueden ser también beneficiosas para los trabajadores, fomentando el sentido de pertenencia y el networking.

Por un lado, el tiempo y la actitud son indivisibles. Es decir, la persona deberá perdurar en su puesto de trabajo para no obtener la lección de que huyendo de ese entorno se solucionan los problemas. En este sentido, y teniendo en cuenta que la manera en que nos sentimos viene determinada por como pensamos, la persona tendrá que hacer un esfuerzo para “combatir” esos pensamientos que le colocan en ese lugar de incapacidad y “hacer” para extraer lecciones que contradigan aquello que pensamos.

En este sentido pueden ser de especial utilidad las terapias de corte cognitivo como la Terapia Racional Emotiva o la Terapia de Esquemas.


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Autor: Alvaro Narvaiza

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